Seguidores del blog.

20100701

Cuento de los ciegos y el elefante.




Una historia que empieza como la mayoría. Hace muchos años, en un lugar lejano... aunque hubiera podido ser hoy, hubiera podido ser aquí. Y tal vez también lo sea...en cualquier foro de opinión en el que debatimos pensando llevar siempre la razón, pensando que nuestra perspectiva es la más correcta, diciendo que los otros estan equivocados porque no ven lo mismo que nosotros. Y deberían darse cuenta que nuestra visión, nuestra experiencia o nuestra opinión es santa palabra...pero no es así todos estamos condicionados por nuestros conocimientos previos, por nuestro intelecto o falta de el, por nuestras falsas creencias, nadie esta en posesión de esa verdad absoluta que todos buscamos.

Por eso os voy a contar una antigua leyenda sobre un grupo de ancianos monjes ,ciegos desde su nacimiento que se reunieron, una vez más, para discutir sobre Dios. Cada cual quería quedar por encima del monje de al lado, cada cual se creía en posesión de la Verdad, ingenuos pensadores que querían hacer de las múltiples verdades "Una Sola", la que ellos conocían y defendían. La conversación, que ya habían tenido más de una vez, repetía las mismas argumentaciones que en el pasado: "Dios es bueno y comprensivo", "No, Dios ha de ser justo y por lo mismo, severo", "Dios nos espera en su reino en los cielos", "Dios está en todas partes, no nos espera en ninguna de ellas"... ni siquiera ellos podían ponerse de acuerdo, aun siendo viejos amigos que llevaban debatiendo de lo mismo durante años.

El más anciano de todos sacudió la cabeza y suspiró.

- Os dais cuenta de que en todos estos años no hemos sido capaz de acordar cómo es nuestro Dios? Cómo, si ni siquiera nosotros conseguimos escucharnos, lograrán dejar de competir los creyentes del mundo, defendiendo unos al Dios de los cristianos, otros a Alá, otros más a todo el panteón indio... no, no... pero esto no puede seguir así, y anoche tuve un sueño... reunámonos de nuevo aquí la semana próxima, y espero que avancemos en algo entonces.

A la semana siguiente se reunieron de nuevo y, antes de que pudieran empezar su eterno debate, el monje mas anciano hizo que pasaran a un cuarto que desconocían. Allí, les dijo, cada uno tendría que tocar lo que tenían delante, en silencio y sin moverse del sitio adjudicado. Así lo hicieron, y cuando hubieron terminado, se sentaron en círculo.

- Y bien? Qué había en la habitación?

- Era algo inmenso, apenas podía abarcarlo con mis dos manos. Era duro, rugoso casi, cálido... -comenzó el primer monje.

- Te equivocas, hermano. Lo que había en la habitación era pequeño y peludo... y ligero -le corrigió el segundo.

- Qué decís? Lo que había en el cuarto era duro, sí, pero frío, y liso, muy suave... no sé dónde habéis estado! -refunfuñaba otro.

- No, no... no era tan duro, y podía moverse, era cilíndrico y húmedo al final...

El anciano monje les dejó seguir un poco más antes de revelarles lo que realmente habían palpado: que todos estaban hablando del mismo ser, que no era otro que un elefante. Cada uno había llegado a conocer una sola parte del mismo: cola, lomo, colmillo, trompa... y su cerrazón a ver más allá de la propia experiencia les impedía apreciar el Todo. Solo era un Elefante. Un solo ser con múltiples apreciaciones. Al igual que con la verdad y muchas opiniones siempre queremos llevar la razón, siempre pensamos que lo que hay dentro de nuestra cabeza es "verdad verdadera" y no solo una parte del puzle que constituyen algunas de las grandes verdades de la vida.


(Cuento Oriental)

No hay comentarios:

Publicar un comentario