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20100518

MIEDO.



Hoy os quiero hablar de ese cuarto y mitad de sensaciones que se me echan encima cuando tengo un bajón. Cuando de repente el mundo deja de girar y se detiene tan bruscamente que me hace sentir una especie de monumental frenazo en mi interior. 

Sin embargo esta mañana cuando me levante todo estaba normal en mi, tenía vitalidad, vida, en mente hacer un montón de cosas, pero ahora siento como esa vitalidad se difumina al chocar frontalmente contra ese infranqueable muro de piedra que me aprisiona. Literalmente alguien me ha desenchufado de la red de energía y abandonado a la deriva.

Incluso el espacio-tiempo ha cambiado su textura hasta transformarse en algo claustrofóbico y lánguido. Con una pesadez asfixiante que me aplasta y repta dentro de mi invadiendo hasta inundar cada uno de mis rincones. También aparece ese miedo ancestral que acompañado de irracionalidad va apoderándose de los pensamientos segundo tras segundo.

El cuerpo se torna pesado, tan pesado como si toda la gravedad se ensañara con él y la mente ausente de pensamiento esta preparándose para entrar en tan dificil trance. Y así de esta forma a la vez brusca y a la vez lenta voy entrando en esa oscura habitación del miedo. Un miedo en estado puro, que ha surgido de la nada porque mis sentidos se han disparado ante una falsa amenaza.

Durante un buen rato mi mente queda en blanco, no pienso nada, ni se me ocurre nada que  pensar. Luego empiezo a tener sensaciones físicas: me molesta mucho la luz, estoy cansada y siento frío; pero sobre todo siento miedo, mucho miedo. Ese tipo de miedo que haría que tu cuerpo se levantase como un resorte para salir corriendo. Huyendo para que no te atrape, pero este miedo ha sido más rápido y ahora ya me tiene amordazada.

También la luz se vuelve insoportable y tengo que cerrar las cortinas. Todo lo externo es molesto, la luz, el ruido, mi cuerpo terreno...El cansancio también va en aumento y aunque es media mañana termino acostándome. Dentro de la cama continuo tiritando de frío, sintiendo lo que podría describirse como un “frío sepulcral”, algo gélido que desde tu interior pugna por salir hacia fuera. Un frió que produzco yo; o mejor dicho que produce mi angustia y miedo. 

De lado y con las piernas flexionadas contra mi pecho, envueltos por los brazos, en una postura casi fetal. Todos los músculos en tensión y el cuerpo hecho un ovillo, esperando a la defensiva ese ataque inminente del gran pájaro negro.

Una mente que continua a la deriva y unos pensamientos que se van ralentizando hasta quedar casi diluidos. Mi rostro entre una mueca de dolor y desagrado. Y los ojos, a pesar de la penumbra de la habitación, abiertos de par en par intentando penetrar en esa oscuridad buscando al causante de mi miedo.

Mis oídos también permanecen alerta, pero ahora dejan de escuchar cualquier ruido externo para volverse hacia dentro de mí, hacia mi mente aislada. Ahora solo puedo escuchar mi respiración, que es lenta, casi sigilosa. Es como si quisiera que mi existencia pasase desapercibida.

Y en esa celda del miedo donde he entrado casi sin darme cuenta permaneceré horas, quizás días...incluso a veces siento que ya nunca podré volver a salir de ella.



2 comentarios:

  1. Estoy segura de que todo va bien. Quiero felicitarte por tu texto que refleja tan bien lo que se vive en esas circunstancias. Sobre todo lo de la respiración me ha recordado momentos difíciles, superados ya, pero que nunca se olvidarán del todo.
    Un abrazo.

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  2. neuriwoman13:36

    Gracias por tus palabras y por tu visita, en efecto todo va mejorando por días y ese cuarto y mitad de sensaciones amargas ya empiezan a pertenecer al preterito.
    Un abrazo para ti también.

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