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20101004

Superdotados: El hombre que habló 78 idiomas.



Como un ejemplo de altas capacidades intelectuales y talento que a pesar de pertenecer a una humilde familia de carpinteros tuvo la oportunidad de desarrollar su potencial para aprender y comprender otras lenguas de todo el mundo.

Tan solo hace unos días se celebraba el aniversario del nacimiento de Giuseppe Gasparo Mezzofanti, cardenal italiano que pasó a la historia por convertirse en uno de los lingüistas que más lenguas llegó a dominar a la perfección pese al hecho de no haber salido nunca de su Italia natal. Gregorio XVI se hizo su amigo y protector, y le elevó al rango di cardenal en el consistorio del 12 de febrero de 1838.

El propio Russel afirmó que Mezzofanti llegó a escribir y hablar casi perfectamente 38 lenguas, entre las cuales figuran el hebreo, el árabe, el neo-arameo-caldeo, el copto, el armenio antiguo y el moderno, el persa, el turco, el albanés, el maltés, el griego clásico y moderno, el Latín, el castellano, el portugués, el francés, el alemán, el sueco, el inglés, el ruso, el polaco, el checo, el magiar, el chino, el siríaco, el Ge'ez, el amhárico, el hindi, el guyaratí, el vascuence, el rumano. También dominaba con menor seguridad cuarenta idiomas (además de un número no precisado de dialectos), haciendo un total de 78 idiomas. Menos destreza tenía con el sánscrito, el malayo, el tibetano, el islandés, el sami, el ruteno, el frisón, el letón, el córnico, el quechua, el bambara: era capaz sólo de leerlos, pero no de hablarlos.

Mezzofanti que nació en Bolonia el 19 de Septiembre de 1774 en el seno de una humilde familia de carpinteros donde trabajaba desde pequeño y que estaba situada junto a una escuela. Sorprendentemente, Mezzofanti con tan sólo escuchar de lejos las clases de griego y latín era capaz de memorizar cada una de las palabras. El profesor de la escuela, al enterarse de este peculiar hecho, habló con el padre, convenciéndolo de que el chico podría llegar lejos si atendiera a las clases de latín en la escuela.

Demostró desde la más tierna infancia una memoria superior a lo normal, un fino oído musical, y una extraordinaria capacidad de aprendizaje de lenguas extranjeras. Mezzofanti comenzó a asistir a la escuela, y no pasó mucho tiempo hasta que dominó a la perfección el latín y el griego. Gracias a su asistencia a las escuelas pías de Bolonia, conoció a varios misioneros jesuitas, gracias a los cuales consiguió aprender alemán, español y varios idiomas locales sudamericanos.


Durante su adolescencia, su grandes capacidades le hicieron popular en toda la región, y muchas veces se recurría a él como intérprete de cualquier extranjero que no dominase el italiano. Una de las anécdotas más destacadas es la del hijo de Uttini, un músico italiano emigrado a Suecia, que a la muerte de su padre fue mandado a Italia, donde llegó hablando únicamente sueco. Mezzofanti, al primer contacto con el chico se percató de que el idioma que hablaba era todo un misterio para él. Tras varios fracasos en la comunicación, Mezzofanti pidió al joven que le dejara algunos libros en su idioma. Una breve ojeada le bastó para percatarse de la afinidad del sueco con el alemán que ya conocía, lo que unido a una ayuda básica del sueco en la pronunciación le permitió a Mezzofanti dominar a la perfección el sueco en pocas semanas.

Una vez terminó la escuela se apuntó al seminario, donde terminó los estudios de filosofía y teología antes de la edad mínima para ordenarse como sacerdote, por lo que el tiempo de espera lo dedicó al estudio de árabe y otras lenguas orientales. En 1797, con tan sólo 23 años, pudo ordenarse como sacerdote, al mismo tiempo que asumió la cátedra de griego, así como la de hebreo, árabe y lenguas orientales de la universidad de Bolonia.

Ya ordenado sacerdote, utilizó sus habilidades lingüísticas para asistir como confesor a todos los extranjeros, así como para ayudar en los hospitales a los heridos extranjeros de las batallas napoleónicas, gracias a lo cual pudo aprender varias lenguas europeas que hasta entonces desconocía.


Una vez en Roma, en un ambiente más cosmopolita que su Bolonia natal, tuvo acceso al aprendizaje de muchos otros idiomas, entre ellos el chino. Este idioma le obligó a pasar cuatro meses de estudio antes de sentirse un fluido hablante de chino. Desde aquel momento, el padre Umpierres, anteriormente misionero en Macao y profesor de lengua en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, conversó con él en chino, confirmando oficialmente su pleno dominio del chino mandarín.

A lo largo de su vida, fueron varios los grandes escritores, políticos y artistas que coincidieron con él, entre los que se encontraban gente de la talla de Charles William Russel o Lord Byron, y todos ellos afirmaron en algún momento la capacidad lingüística de Mezzofanti.

Lord Byron, poeta inglés, se encontró con Mezzofanti en Bolonia y declaró haber conocido "un monstruo de las lenguas... que tenía que haber existido en tiempos de la Torre de Babel como intérprete universal".



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