Canal de Lemaire.





Fotografía de Dorte Hansen.




El Estrecho de Lemaire se halla en el  extremo meridional de America del Sur, separando la Isla Grande de Tierra de Fuego (oeste) y la Isla de los Estados (este). En la primera foto podemos admirar una impresionante puesta de sol tomada en el Canal de Lemaire, a bordo del MV Fram.


Y en nuestro periplo virtual por la Antártida hoy me gustaría compartir con vosotros la imagén uno de los fenómenos naturales mas bellos del mundo; un impresionante conjunto de columnas talladas en hielo por la madre naturaleza en este maravilloso lugar conocido como el Canal de Lemaire.




Alli estan las Columnas del Canal de Lemaire, un espacio mágico y un poco estremecedor en el que la pequeñez del hombre se hace más patente que nunca. En este canal los grandes fragmentos de glaciar quedan atrapados en el canal y la acción de las corrientes los va modelando de esta caprichosa forma cual columnas de una gran catedral, por ello también es popularmente conocido como "el cementerio de los glaciares" porque los que hasta alli llegan son lentamente desintegrados por la continua acción de las corrientes.








Según el oceanógrafo polar Mark Brandon, esto ocurre porque el agua profunda, al estar más caliente que la hallada en la superficie, derrite el hielo a un ritmo más acelerado. Esta pérdida de masa lleva a que lentamente el fragmento de glaciar vaya saliendo uniformemente a flote, exponiendo de esta manera sus partes más altas a la superficie, donde el aire frío se encarga de mantener la forma de las mismas. Combinado con los cambios concéntricos de las corrientes del canal, se forman así los arcos y columnas uniformes que son generalmente avistadas con enorme asombro por los intrépidos viajeros que se animan a llegar hasta esta maravilla de la naturaleza.



 La tripulación del MS Fram llama al Canal de Lemaire el "Kodak Crack" por la cantidad de disparos de las cámaras que se escuchan durante la travesía. Con 11 kilometros de longitud y 1.500 metros de anchura, fue descubierto por una expedición alemana durante el verano austral de 1873-74, pero no fue navegado en su totalidad hasta el viaje de Adrien de Gerlache a bordo del "Bélgica", en 1898-99. Gerlache lo bautizó en honor del explorador del Congo Charles Lemaire. El paisaje es sobrecogedor. El Fram atraviesa unas aguas sembradas de galletas de hielo, flanqueado por imponentes acantilados y glaciares que hunden sus lenguas en el mar. El viento se ha apropiado en exclusiva de la banda sonora de este rincón de la península Antártica, un desierto helado e inhóspito que provoca un subidón de emociones.



El incremento de barcos turisticos y cruceros de hasta 2000 pasajeros ha puesto en evidencia el riesgo que supone navegar entre bloques de hielo; por lo que dicha cuestión ha sido abordada en la reunión anual del Tratado Antártico,  celebrada en Washington, en la que se conmemoran los 50 años de este tratado multilateral del que España forma parte junto con otras 45 naciones.





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