110 maneras de aumentar tu capacidad mental.


Ilustración de un cerebro levantando pesas como símbolo del entrenamiento mental y la mejora de la memoria.

Publicado el 3 de marzo de 2011 · Actualizado el 26 de septiembre de 2026

Memoria, agilidad mental, creatividad y aprendizaje: 110 propuestas para mantener viva la curiosidad y seguir explorando las posibilidades de nuestra mente.


Nota de actualización · Septiembre de 2026


Esta entrada nació hace 15 años, cuando comencé a reunir ideas y ejercicios para estimular la memoria, la creatividad y la agilidad mental.

Desde entonces, la investigación sobre el cerebro y los procesos cognitivos ha avanzado, y nuestra forma de relacionarnos con la tecnología también ha cambiado.

He revisado el texto original para conservar sus 110 propuestas, corregir algunas afirmaciones y distinguir entre los hábitos que favorecen la salud cerebral, los ejercicios de entrenamiento cognitivo y aquellas actividades que, sin garantizar una mejora de la memoria, pueden ayudarnos a mantener viva la curiosidad.

Porque ejercitar la mente no consiste únicamente en recordar más, sino también en seguir aprendiendo, preguntando y descubriendo.


¿Cómo podemos pensar más rápido, mejorar nuestra memoria y potenciar nuestra capacidad mental?


Lo importante es conocer de qué punto partimos en nuestras habilidades. Así que podemos empezar haciendo una pequeña prueba para ver qué tal andamos del «músculo pensante».

Primero, haremos un ejercicio de cálculo sin calculadora ni ningún tipo de artilugio. Esto nos permitirá observar cómo funciona nuestro cerebro cuando procesamos operaciones sencillas y respondemos de manera automática.


El reto mental


Realiza mentalmente el siguiente cálculo. No uses calculadora, ni papel, ni lápiz; solo hazlo de cabeza y apunta el resultado final:

Tienes 1000, súmale 40.

Súmale otros 1000.

Súmale 30 y otra vez 1000.

Añádele 20.

Súmale 1000 y, finalmente, súmale 10.

¿Cuánto es el total? ¿Qué número te ha salido?

Ya lo imagino... te salen 5.000, ¿verdad?

Pues ahora utiliza tu calculadora física o la de tu móvil y comprueba el resultado. Te sorprenderá ver que el resultado exacto es 4.100.

Este pequeño reto nos recuerda que una respuesta intuitiva no siempre es correcta. A veces, nuestro cerebro se anticipa al resultado y nos lleva a cometer errores, incluso cuando las operaciones son sencillas.

Las calculadoras y los móviles son herramientas extraordinariamente útiles, pero practicar el cálculo mental sigue siendo una buena manera de ejercitar nuestras habilidades numéricas y aprender a comprobar nuestras intuiciones.

Una vez despierto el ingenio, ya estamos preparados para repasar los distintos consejos para estimular nuestro cerebro y sus capacidades.

Las siguientes propuestas reúnen ejercicios, hábitos y experiencias que pueden ayudarnos a mantener una mente activa, mejorar determinadas habilidades, aprender cosas nuevas y, sobre todo, disfrutar del proceso.

No todas tienen el mismo respaldo científico ni producen los mismos efectos. Algunas permiten entrenar capacidades concretas; otras son simplemente invitaciones a explorar el mundo desde perspectivas diferentes.


 I. Desafíos lógicos y flexibilidad cognitiva


  1. Resuelve rompecabezas. Desde puzles físicos hasta acertijos lógicos. Busca desafíos que te obliguen a observar, probar y encontrar soluciones.
  2. Intenta ser ambidiestro. Usa tu mano no dominante para algunas actividades cotidianas, como cepillarte los dientes o manejar ciertos objetos. Escribir con ambas manos es un reto curioso de coordinación, aunque no está demostrado que mejore la inteligencia general.
  3. Disfruta de las paradojas. Aprende a explorar las paradojas y las ilusiones ópticas. A veces, lo que parece imposible nos obliga a cuestionar nuestras primeras impresiones.
  4. Haz mapas mentales. Organiza tus ideas de forma visual, establece conexiones y descubre relaciones entre conceptos.
  5. Busca intersecciones. Encuentra conexiones entre temas que aparentemente no tienen ninguna relación. ¿Qué pueden tener en común la música, las matemáticas y la arquitectura?
  6. Invierte tus suposiciones. Piensa cómo serían las cosas si aquello que das por sentado fuera exactamente al revés.
  7. Ve más allá de la respuesta correcta. Busca una segunda o tercera alternativa. Una solución puede ser válida sin ser la única posible.
  8. Transpón la realidad. Hazte preguntas del tipo: ¿Qué pasaría si...? ¿Y si pudiéramos recordar absolutamente todo? ¿Y si el tiempo transcurriera en sentido contrario?
  9. Aprende lógica. Dedica tiempo a resolver acertijos, problemas de razonamiento y puzles lógicos.
  10. Aprende técnicas de creatividad. Explora distintas formas de generar ideas, combinar conceptos y encontrar soluciones fuera de lo habitual.


 II. Hábitos saludables y alimentación


  1. Cuida tu alimentación. Incluye alimentos variados y nutritivos, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y pescado. Una alimentación equilibrada contribuye a la salud general y cerebral, aunque ningún alimento garantiza por sí solo una memoria extraordinaria.
  2. Bebe agua suficiente. La deshidratación puede perjudicar la atención y provocar fatiga. Mantener una hidratación adecuada ayuda a que el organismo funcione correctamente.
  3. Respira despacio y con calma. Dedicar unos minutos a una respiración tranquila puede ayudarte a reducir la tensión y recuperar la concentración.
  4. Duerme bien. Durante el sueño se consolidan determinados procesos de memoria y aprendizaje. Mantener un descanso adecuado es fundamental para la atención y el funcionamiento cognitivo.
  5. Échate una siesta. Una siesta breve, de unos 10 a 20 minutos, puede mejorar temporalmente la alerta y aliviar la somnolencia.
  6. Cuida tu postura. Una postura cómoda y ergonómica puede ayudarte a evitar molestias y mantener la atención durante las actividades que requieren concentración.
  7. Maneja el estrés. Cuando se mantiene durante mucho tiempo, el estrés puede afectar al sueño, la atención y la memoria. Busca actividades que te ayuden a relajarte y recuperar el equilibrio.
  8. Cultiva la intimidad y la sexualidad. La actividad sexual consentida puede favorecer el bienestar, la conexión emocional y la relajación. No es, sin embargo, una técnica demostrada para aumentar la memoria o la inteligencia.

 III. Creatividad, arte y juego


  1. Dibuja y haz garabatos. No necesitas ser un artista. Dibuja lo que tengas delante, inventa formas o deja que tu imaginación se exprese sobre el papel.
  2. Mézclate en el mundo artístico. Esculpir, pintar, tocar música o realizar cualquier otra actividad artística te permite explorar habilidades y formas de expresión diferentes.
  3. Aprende a hacer malabares. Es una actividad que combina coordinación visual y motora, atención y aprendizaje de secuencias. Practicarla puede ayudarte a mejorar en esa habilidad concreta.
  4. Juega al ajedrez y a otros juegos de mesa. Son excelentes oportunidades para practicar la planificación, la anticipación y la toma de decisiones. También puedes jugar por Internet.
  5. Juega a juegos mentales. Dedica unos minutos al sudoku, los crucigramas o los juegos de palabras. Mejorarás con la práctica en las habilidades específicas que cada juego requiere.
  6. Juega a videojuegos. Algunos videojuegos, especialmente los que requieren orientación espacial, atención y toma rápida de decisiones, pueden entrenar determinadas habilidades perceptivas.
  7. Sé gracioso. Escribe chistes, crea bromas y juega con el lenguaje. El sentido del humor es otra forma de combinar ideas y contemplar las situaciones desde perspectivas inesperadas.
  8. Busca una obra de arte que no te guste. Intenta comprender qué pretendía expresar su autor y por qué puede resultar interesante para otras personas. No todo tiene que gustarnos para hacernos pensar.


IV. Organización de ideas y escritura


  1. Crea listas. Las diez mejores películas, las cien cosas que quieres hacer o los lugares que te gustaría conocer. Ordenar ideas también puede ser una forma de descubrirlas.
  2. Ten una lista de ideas. Lleva un registro de las ocurrencias espontáneas que aparecen durante el día.
  3. Captura todas las ideas. Crea un banco de ideas, una libreta o una carpeta donde guardar proyectos, preguntas y pensamientos que quieras desarrollar más adelante.
  4. Escribe un diario. Procesar por escrito lo que has vivido puede ayudarte a organizar tus pensamientos y observar cómo cambian tus experiencias y opiniones.
  5. ¡Escribe de forma creativa! Escribe historias, poesía o crea tu propio blog y comparte tus contenidos. Escribir nos obliga a transformar pensamientos en palabras y a buscar una forma de comunicarlos.
  6. Toma nota de tus sueños. Ten un cuaderno junto a la cama y anota lo que recuerdes al despertar y cómo te has sentido. Es una forma de explorar tu mundo onírico, aunque recordar los sueños no implica necesariamente mejorar la memoria cotidiana.


V. Romper la rutina y estimular los sentidos


  1. Explora tus sentidos. Prueba a reconocer un alimento por su textura o su aroma, o a identificar sonidos con los ojos cerrados. Hazlo siempre en un entorno seguro. Evita ducharte con los ojos cerrados si existe riesgo de resbalón o pérdida de equilibrio.
  2. Desarrolla la degustación comparativa. Aprende a distinguir sabores y aromas del chocolate, el queso, el café u otros alimentos. También puedes comparar vinos o cervezas si consumes alcohol, siempre con moderación.
  3. Crea temas de observación. Busca el color rojo tantas veces como puedas durante el día, encuentra matrículas capicúas o identifica marcas de coches. Convertir un paseo en un pequeño juego de observación puede resultar muy entretenido.
  4. Cambia tu ambiente. Mueve de lugar algunos objetos de tu habitación o de tu oficina. Observa cómo cambia tu percepción del espacio.
  5. Cambia tu ropa y anda descalzo cuando sea seguro. Experimenta con distintas texturas, tejidos y sensaciones táctiles. No es un entrenamiento cognitivo demostrado, pero puede ayudarte a prestar atención a las sensaciones cotidianas.
  6. Cambia la velocidad de tus actividades. Prueba a realizar una tarea sencilla muy despacio y después a un ritmo algo más rápido, sin comprometer la seguridad ni la calidad del resultado.
  7. Prueba diferentes perfumes. Explora aromas nuevos y observa qué recuerdos o sensaciones despiertan en ti. El olfato mantiene conexiones estrechas con los sistemas cerebrales implicados en la memoria y las emociones.
  8. Toma rutas diferentes. Cambia de camino cuando vayas a trabajar, de compras o a dar un paseo. Descubrir calles nuevas puede ayudarte a prestar atención al entorno y practicar la orientación espacial.


VI. Aprendizaje continuo y expansión del conocimiento


  1. Aprende otro idioma. Estudiar una lengua combina vocabulario, memoria, atención y comprensión. Además, te permite acercarte a otras culturas y formas de pensar.
  2. Aprende lengua de signos. Descubre una forma diferente de comunicación y desarrolla nuevas habilidades lingüísticas, visuales y motoras.
  3. Visita museos. Exponte a nuevos datos históricos, científicos y culturales. Una visita puede convertirse en una oportunidad para hacer preguntas y buscar información sobre aquello que despierta tu interés.
  4. Estudia cómo funciona el cerebro. Entender los procesos de percepción, memoria y aprendizaje te ayudará a conocer mejor las posibilidades y limitaciones de tu propia mente.
  5. Descubre cómo aprendes. Observa qué estrategias te funcionan mejor: leer, escuchar, practicar, explicar lo aprendido o combinar varios métodos. No te limites a encasillarte en un supuesto estilo fijo de aprendizaje.
  6. Comprométete con el aprendizaje permanente. Nunca dejes de ser un estudiante de la vida. No importa la edad ni cuántos conocimientos hayas acumulado: siempre hay algo nuevo que descubrir.
  7. Viaja a otros lugares. Conoce otras culturas, costumbres y formas de vivir. Viajar también puede enseñarte a cuestionar tus propias costumbres y ampliar tu perspectiva.
  8. Lee los clásicos y lee lo novedoso. Combina las grandes obras del pasado con las ideas y descubrimientos actuales. La lectura es una de las formas más accesibles de explorar otros mundos y pensamientos.


VII. Números, memoria y agilidad analítica


  1. Familiarízate con el método científico. Aprende a observar, plantear hipótesis, buscar pruebas y revisar tus conclusiones. No des por cierta una afirmación simplemente porque parezca convincente.
  2. Voltea el calendario. Intenta reconocer fechas, días de la semana o números escritos al revés o de cabeza. Es un pequeño juego de percepción y flexibilidad visual.
  3. Calcula mentalmente el paso del tiempo. Intenta adivinar cuándo ha transcurrido exactamente un minuto sin mirar el reloj. Después comprueba cuánto te has aproximado.
  4. Haz cálculos a ojo. Plantéate preguntas curiosas: ¿Hay más hojas en la selva amazónica o neuronas en mi cerebro? Estima primero la respuesta y después investiga qué se sabe al respecto.
  5. Hazte amigo de las matemáticas. No les temas. Practica con operaciones sencillas, patrones numéricos y problemas que te obliguen a razonar.
  6. Construye un palacio de la memoria. Utiliza la técnica de los loci: asocia aquello que quieres recordar con lugares conocidos y recorre mentalmente esos espacios para recuperar la información.
  7. Haz ejercicios matemáticos mentalmente. Practica sumas, multiplicaciones o cálculos sencillos mientras paseas o realizas alguna actividad que no requiera toda tu atención. No lo hagas en situaciones que exijan concentración, como conducir.
  8. Memoriza nombres de personas. Cuando conozcas a alguien, presta atención a su nombre y trata de asociarlo con algún detalle que te ayude a recordarlo. Repetirlo mentalmente también puede resultar útil.
  9. Deletrea palabras largas hacia atrás. Elige palabras complicadas e intenta reproducir sus letras en orden inverso. Por ejemplo: ¡nóiccudart!


VIII. Tecnología con propósito y minimalismo


  1. Aprende a utilizar diferentes tipos de teclado. Prueba otras distribuciones, como DVORAK, o familiarízate con teclados ergonómicos. Aprender un sistema nuevo puede ser un reto interesante.
  2. No te obsesiones con la tecnología. Desconéctate de vez en cuando y utiliza los dispositivos a tu favor, no como sustitutos de todas tus capacidades. La tecnología puede facilitarnos muchas tareas sin que tengamos que renunciar a practicarlas por nosotros mismos.
  3. Busca recursos para el cerebro en la Web. Explora aplicaciones de entrenamiento cognitivo, recursos educativos y páginas de divulgación científica. Comprueba quién está detrás de cada recurso y no confundas los juegos mentales con tratamientos científicamente demostrados.
  4. Aprende a programar. O simplemente busca formas de mejorar el uso de tu ordenador y de tu móvil. La programación permite trabajar con problemas, secuencias y soluciones lógicas.
  5. Apaga la televisión de vez en cuando. Reemplaza parte del entretenimiento pasivo por actividades en las que participes de forma activa: leer, escribir, conversar, jugar o aprender.
  6. Cambia tus soportes de trabajo. Usa papel en lugar del ordenador, o notas de voz en lugar de escribir. Experimenta con distintos medios para descubrir cuáles se adaptan mejor a cada tarea.
  7. Instala un sistema operativo diferente. Si te interesa la informática, probar Linux u otra interfaz puede ser una forma de aprender nuevas herramientas y patrones de navegación. Hazlo por curiosidad, no porque cambiar de sistema garantice una mejora cognitiva.
  8. Simplifica. Despeja el desorden de tu entorno y organiza tus herramientas. Un espacio funcional puede facilitar la concentración y reducir distracciones innecesarias.


IX. Pensamiento crítico y habilidades lingüísticas


  1. Conviértete en un pensador crítico. Aprende a analizar argumentos, detectar falacias y distinguir entre hechos, interpretaciones y opiniones.
  2. Explora la lectura rápida. Practica distintas estrategias para localizar información y leer con mayor fluidez. Recuerda que aumentar la velocidad no siempre significa comprender o recordar mejor lo leído.
  3. Desarrolla tus habilidades de lectura. La lectura eficaz y comprensiva es una habilidad que puede perfeccionarse con la práctica, el vocabulario y la atención.
  4. Di tus problemas en voz alta. Explicar un problema como si se lo contaras a otra persona puede ayudarte a organizar tus pensamientos y descubrir aspectos que habías pasado por alto.
  5. Describe una experiencia con minucioso detalle. Practica la memoria descriptiva escribiendo o narrando algo que viviste: los lugares, las personas, los sonidos y las sensaciones que recuerdas.
  6. ¡Debate! Defiende tus argumentos con respeto e intenta pensar deliberadamente desde el lado opuesto. Comprender una postura no significa tener que compartirla.
  7. Mejora tu vocabulario. Mantén un léxico de palabras interesantes e introduce términos nuevos en tu día a día. También puedes inventar tus propias palabras y jugar con sus significados.
  8. Aprende metáforas. Te ayudarán a explicar ideas complejas de forma sencilla y a descubrir semejanzas entre conceptos que, en apariencia, no tienen nada en común.


X. Filosofía de vida y mentalidad


  1. Cultiva una actitud positiva y realista. Busca posibilidades y soluciones sin ignorar las dificultades. El bienestar emocional puede favorecer la disposición para aprender, aunque pensar en positivo no resuelve todos los problemas.
  2. Ríete. Disfruta del humor, comparte momentos divertidos y no te tomes siempre demasiado en serio. La risa forma parte de nuestras experiencias emocionales y sociales.
  3. Varía tus actividades. Evita que todos tus días sean exactamente iguales. Mantén algún pasatiempo que te interese y te permita aprender o desarrollar habilidades.
  4. Habla contigo mismo. La conversación interna o en voz alta puede ayudarte a organizar tareas, fijar objetivos y ordenar los pasos necesarios para resolver un problema.
  5. Sé infantil en el mejor sentido. Recupera la capacidad de asombro, la imaginación y la curiosidad de un niño. Pregúntate por qué suceden las cosas, aunque parezcan evidentes.
  6. Mejora tu concentración. Entrena tu atención dedicándote a una sola tarea durante un tiempo determinado. Reducir las interrupciones puede ayudarte a trabajar con mayor eficacia.
  7. Ponte en contacto con la naturaleza. Pasea entre árboles, observa el mar o escucha los sonidos del entorno. Estar en espacios naturales puede favorecer el bienestar y aliviar la fatiga mental.
  8. Experimenta con tareas simultáneas de forma consciente. Puedes escuchar un pódcast mientras ordenas una habitación, siempre que ninguna de las actividades requiera toda tu atención. Recuerda que dividir la atención puede reducir el rendimiento, especialmente en tareas complejas.
  9. Ponte en los zapatos de otras personas. Pregúntate cómo pensaría alguien con experiencias distintas a las tuyas para resolver un problema determinado.
  10. Adopta una actitud de contemplación. Observa tu entorno sin juzgarlo inmediatamente. A veces, detenerse a mirar es una forma de descubrir detalles que normalmente pasan inadvertidos.
  11. Reserva un tiempo para el silencio y la soledad elegida. Dedica unos minutos al día a la tranquilidad, la relajación o simplemente a no hacer nada. Puede ayudarte a reducir las distracciones y recuperar la calma.
  12. Estudia a un genio. Elige una mente brillante de la historia e investiga cómo trabajaba, qué preguntas se hacía y qué métodos utilizaba para desarrollar sus ideas.
  13. Sé competitivo contigo mismo. Ponte pequeños retos personales y observa tus progresos. Si compites con otras personas, procura que sea de forma sana y respetuosa.
  14. Inspírate. Busca historias, libros y personas que despierten tus ganas de aprender y emprender nuevos proyectos.
  15. Rodéate de personas que piensen diferente a ti. Conversar con quienes tienen otras experiencias y perspectivas puede ayudarte a cuestionar tus propias ideas y ampliar tu visión del mundo.
  16. Cambia tu perspectiva. Analiza tus problemas a corto y largo plazo, desde el punto de vista individual y colectivo. Un cambio de escala puede revelar aspectos que antes no habías considerado.
  17. Ve a la raíz de los problemas. No te quedes en la superficie. Pregúntate qué causas pueden estar detrás de una situación y qué pruebas tienes para sostener tus conclusiones.
  18. Aprende Braille. Explora este sistema de lectura táctil y descubre una forma diferente de acceder al lenguaje y a la información.
  19. Mezcla tus sentidos con la imaginación. Hazte preguntas sinestésicas: ¿Cuánto pesa el color rosado? ¿Cómo suena el perfume de lavanda? No necesitas encontrar una respuesta correcta; disfruta de las asociaciones que surjan.
  20. Asígnate un tiempo específico para el entrenamiento mental. Dedica unos minutos a una actividad que te interese y conviértela en un pequeño compromiso contigo mismo.
  21. Ten tu propio santuario mental. Imagina un espacio de calma al que puedas acudir mentalmente cuando necesites tranquilidad, concentración o un momento de recogimiento.
  22. Sé curioso. Haz de la pregunta «¿Por qué?» uno de tus motores diarios. No des por terminada una búsqueda solo porque hayas encontrado una primera respuesta.
  23. Desafíate a ti mismo. Sal de vez en cuando de tu zona de confort intelectual. Aprende algo que te resulte difícil o intenta resolver un problema desde una perspectiva nueva.
  24. Desarrolla tus habilidades de visualización. Imagina escenarios, lugares o situaciones con el mayor detalle que puedas. Puedes dedicar unos minutos a construir mentalmente una escena y explorarla.
  25. Explora los sueños lúcidos. Investiga qué son y cómo algunas personas llegan a reconocer que están soñando mientras el sueño continúa. Es un fenómeno interesante, aunque no constituye un método demostrado para mejorar la memoria general.
  26. Come en restaurantes diferentes. Especialmente de cocinas que no conozcas. Descubre nuevos sabores, ingredientes y formas de preparar los alimentos.
  27. Busca nuevos usos para objetos comunes. ¿Cuántos usos diferentes puedes encontrar para un clavo? ¿Diez? ¿Cien? Intenta generar tantas ideas como puedas, por disparatadas que parezcan.
  28. Aprende a utilizar eficazmente tu sistema operativo. Domina los atajos de teclado y las herramientas que usas a diario. Aprender a trabajar con más soltura también puede liberar tiempo y atención para otras tareas.
  29. Lee cosas al azar. Navega por la Wikipedia, explora artículos de divulgación o utiliza los botones aleatorios de este blog. A veces, una lectura inesperada abre la puerta a un tema fascinante.
  30. Medita. Practica la atención plena, observa tus pensamientos y vuelve a centrarte en el presente cuando te distraigas. Algunas prácticas pueden favorecer la atención y el bienestar, aunque sus efectos varían entre personas.
  31. Mira películas de géneros que no suelas ver. Si te gusta el terror, prueba un documental; si prefieres la acción, descubre el cine clásico. Explora otras narrativas y formas de contar historias.
  32. Sé consciente de tu entorno. No camines siempre en automático. Observa los edificios, los sonidos, las personas y los pequeños detalles de los lugares por los que pasas.
  33. Disfruta del proceso. El aprendizaje es un camino, no un destino. No todo tiene que traducirse en una habilidad medible o en un resultado inmediato.
  34. Entrega más de lo que esperan de ti. Cuando una tarea te interese, intenta profundizar un poco más, hacer preguntas y descubrir algo que no sabías. El esfuerzo por aprender puede ayudarte a desarrollar nuevas habilidades.
  35. Deja un comentario en esta entrada. ¡Dime qué punto te ha parecido más interesante o cuál te gustaría poner en práctica!
  36. Suscríbete al feed de este blog. Así podrás seguir las nuevas publicaciones de Neuriwoman y descubrir más contenidos sobre ciencia, curiosidades, aprendizaje y condición humana.
  37. Añade tú mismo más cosas. El último punto lo escribes tú en la sección de comentarios. ¿Qué técnica, hábito o experiencia añadirías a esta lista?



Espero que este listado os haya resultado de utilidad y os planteéis incorporar algunas de estas sugerencias a vuestra vida cotidiana.

No es necesario practicar las 110 ni convertir el entrenamiento mental en una obligación. Podemos empezar por aquellas actividades que despierten nuestra curiosidad, nos diviertan o nos permitan aprender algo nuevo.

Tan importante como incorporar y practicar determinadas habilidades es mantener una actitud abierta, cambiar de actividades cuando nos apetezca y seguir explorando aquello que todavía desconocemos.

Porque una mente activa no es necesariamente la que más rápido responde, la que más datos acumula o la que nunca se equivoca. 

Quizá sea, sencillamente, aquella que todavía conserva las ganas de descubrir.


¿Y tú? ¿Qué añadirías a estas 110 propuestas?



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