“Vosotros tenéis los relojes,
nosotros tenemos el tiempo”
Una frase muy interesante cuya autoría no está clara y que resume, en pocas palabras, dos formas de relacionarse con la existencia: la que mide y calcula cada minuto, y la que habita el tiempo sin pelear contra él. Entre ambas se despliega un contraste que sigue vigente, quizá más que nunca.
En muchas culturas más apegadas a la tierra —comunidades agrícolas, pueblos indígenas, familias que viven según las estaciones y no según las alarmas— el tiempo sigue teniendo otro significado. Allí, el amanecer y la caída de la tarde marcan el ritmo del trabajo; la lluvia decide el descanso; y la espera no es una pérdida, sino parte del proceso. Sus ritmos, más lentos pero más hondos, nos recuerdan que la vida humana no está diseñada para funcionar en modo urgente permanente.
En nuestras ciudades, es el reloj el que manda. El día parece troceado en fragmentos que debemos aprovechar, optimizar o justificar. No es extraño que, en esta lógica, la sensación de “no llegar” se convierta en un ruido de fondo permanente.
Para nosotros el reloj no solo marca la hora: marca el ritmo de nuestras vidas. Es útil, sí, pero también puede volverse una frontera que nos separa de lo esencial.
Lo curioso es que, aunque tengamos más herramientas para “ahorrar tiempo”, sentimos que cada vez tenemos menos. Una contradicción que nos revela algo incómodo: podemos poseer muchos relojes y tener, aun así, la impresión de que el tiempo se nos escapa entre los dedos.
Todo esto nos señala que, mientras estamos distraídos en medir el tiempo con precisión, olvidamos vivir, que la vida se despliega en otro registro: el de la experiencia, el de los vínculos, el de los instantes que no salen en ninguna agenda.
Colección: LA MATERIA QUE PIENSA (Neuriwoman)
Parte II: TIEMPO. Capítulo 12.- El tiempo natural


Hola, Emilia! Tu entrada genera un debate muy intenso, sobre el que podríamos estar opinando durante horas.
ResponderEliminarNo somos gestores del tiempo por mucha agenda que organicemos. Hemos perdido la experiencia de la serenidad, la calma y el reencuentro con nosotros mismos, necesarios para poder acoger al otro. De forma mayoritaria, la sociedad está crispada y corre de un lado a otro, sumergida en un elevado grado de estrés.
Las consultas de los psicólogos están más demandadas que nunca.
La filosofía tiene mucho que decir y aportar a la humanidad. Lamentablemente, la tenemos marginada y gran parte de lo que nos sucede es consecuencia de ello.
Feliz miércoles. Bstes.
Buenos días, Emma. Muchas gracias por tu comentario. Coincido contigo en que el debate es amplio y complejo: hablamos de una sociedad que organiza el tiempo pero que, paradójicamente, ha perdido la vivencia real de la calma. Vivimos con una sensación de urgencia constante que nos aleja tanto de nosotros mismos como de los demás. No sorprende que la demanda de apoyo psicológico crezca, porque muchos buscan espacios donde recuperar perspectiva y serenidad.
ResponderEliminarTambién comparto tu reflexión sobre la filosofía. La hemos relegado, cuando precisamente nació de la calma necesaria para observar, preguntar y pensar sin prisa. De ese tipo de mirada atenta surgieron después muchas de las ciencias con las que hoy intentamos comprender el mundo y entendernos a nosotros mismos. Cuando perdemos esa base, lo demás se resiente.
Gracias por aportar esta mirada tan necesaria. Un abrazo
Así somos, inventamos herramientas para que nos faciliten el trabajo, hagan nuestras vidas más cómodas y... acabos siendo esclavos de ellas...
ResponderEliminarLa frase, por algún motivo, me ha sonado a Momo, la novela de Michael Ende.. pero ni idea.
Gracias por tu comentario. Es verdad: muchas de las herramientas que creamos para simplificarnos la vida terminan marcando nuestro ritmo hasta el punto de convertirnos en sus esclavos. Organizamos cada minuto, pero perdemos la experiencia real del tiempo vivido.
EliminarY sí, la frase tiene mucho del espíritu de Momo. Michael Ende describió muy bien cómo la obsesión por “aprovechar el tiempo” puede acabar robándonos justamente eso: la capacidad de estar presentes. Por eso me pareció tan sugerente la idea de quienes no miden el tiempo, sino que lo habitan.
Si tienes curiosidad sobre esta frase en concreto; no aparece en el libro de Momo y se le atribuye un origen bélico. Cuando el ejército americano luchaba en Afganistán. La frase comenzó a circular en referencia a que los pueblos del desierto la usaron para manifestar que ellos habitaban por generaciones el desierto y tenían todo el tiempo del mundo para esperar que el ejército enemigo por mucha tecnología que tuviese, no sabían moverse allí ni podían estar demasiado tiempo porque necesitaban suministros y moverse en un terreno hostil. Pero tampoco está documentado a ciencia cierta. Saludos
Es una pena que el tiempo que se cuenta mediante un reloj sea el que nos suele dominar. A veces pienso que nuestras abuelas con menos electrodomésticos que nosotras tenían más tiempo para compartir con vecinas, amigas, etc. Será que la tierra gira más deprisa?
ResponderEliminarBesos.
A veces parece que el tiempo nos empuja más rápido de lo que quisiéramos. Coincido contigo: nuestras abuelas, con menos comodidades y más trabajo manual encontraban esos espacios para la convivencia. Quizá porque el ritmo de vida era distinto y las prioridades también.
EliminarHoy, aunque la tecnología nos “ahorra” tiempo, muchas veces terminamos llenándolo con más tareas y menos pausas. Tal vez no es que la tierra gire más deprisa, sino que nosotros vamos más acelerados. Habría que pensar en cambiarlo. Un abrazo
Buenos días, un tema donde el tiempo es protagonista una vez mast del control del mundo y del ser humano.
ResponderEliminarTiempo y espacio un tema a debatir, aunque de momento mejor será Disfrutar de él y hacer de este nuestro mejor aliado.
Un besote intemporal 😘🙋
Pues si, disfrutarlo todo lo que podamos, mientras encontramos cómo gestionarlo mejor. Gracias Campi y otro grande para ti.
EliminarPuede dar como una idea de gobernado y gobernante, pienso que hay gente que logra hacerse al control de grupos sociales a gran escala, se adueñan de todo: del tiempo, de los recursos de la gente.
ResponderEliminarUna visión muy interesante la que planteas y me temo que estuvo, esta y seguirá vigente cada vez más. Un saludo
EliminarEn nuestro entorno creo que no solo es en las ciudades donde se vive mas con un cronometro que un reloj consultando la hora. Yo que vivo y me he criado dentro de un entorno rural veo a la gente un poco mas estresada.
ResponderEliminarSaludos.
El entorno rural en los países industrializados ya no se libra tampoco. Poca gente cultiva o tiene animales de ganadería, ya no existe el autoconsumo; y la gente del campo sufre cada vez mayor presión para que produzcan lo necesario en los tiempos que se les exige. Saludos
EliminarBuenos días Neuriwoman, hoy en día y desde hace bastantes años, somos prisioneros de las máquinas que nos indican el tiempo, pero es un tiempo ficticio, creado por nosotros para que teóricamente nos hiciera más grata nuestra vida. Pero al final lo que hemos conseguido es vivir más estresados, con mayor ansiedad y desasosiego, todo lo contrario que pretendíamos. Por eso bajo, mi punto de vista hay que, sin olvidar que vivímos muy deprisa, intentar volver a sincronizar nuestro tiempo con el tiempo del universo, en sus múltiples representaciones, solo así volveremos a ser libres. Saludos
ResponderEliminarTu idea de volver a sincronizarnos con el tiempo del universo me parece preciosa y muy necesaria. Observar la naturaleza, escuchar nuestros propios ciclos, permitirnos pausas… quizá ahí está la verdadera libertad que hemos ido perdiendo entre obligaciones y relojes. Ojalá podamos recuperar, aunque sea a pequeños pasos, esa armonía que nos devuelve un poco de calma y sentido. Un abrazo
EliminarAñadiría que ese reloj tan odioso también es ese útil instrumento al servicio del calendario laboral. Qué bien se llevan los dos.
ResponderEliminarTienes toda la razón: el reloj y el calendario laboral forman una pareja perfectamente engranada. Uno marca los minutos y el otro organiza nuestras obligaciones, y entre ambos nos empujan a un ritmo que rara vez decidimos nosotros. Por eso a veces necesitamos recordar que existe un tiempo más amplio y más humano, el que no obedece al horario sino a lo que realmente vivimos.
EliminarLeer tu entrada me recuerda que, en nuestra obsesión por medir cada minuto, a menudo olvidamos que la vida no se contabiliza en relojes sino en experiencias. Esa frase de ‘olvidamos vivir’ es un espejo incómodo pero necesario: nos invita a recuperar la calma, la presencia y la capacidad de habitar el tiempo sin prisa.
ResponderEliminarGracias por recordarnos que la verdadera riqueza está en los instantes que no caben en ninguna agenda.
Un abrazo de miércoles.
Muchas gracias por tus palabras tan hermosas. Me encanta cómo lo expresas: la vida no se mide en minutos, sino en experiencias que nos atraviesan y nos transforman. A veces necesitamos que alguien nos recuerde —con suavidad pero con firmeza— que la prisa nos roba presencia, y que “olvidamos vivir” justo cuando más corremos. Un abrazo
EliminarJusto eso, Neuriwoman, cuando más corremos.
EliminarUn abrazo y feliz fin de semana
EliminarBella neuriwoman , interesante post.
ResponderEliminarVivo sin tiempos ni reloj, disfruto cada momento.
Siempre fui mala para seguir horarios o guiarme por los tiempos.
Es un lujo leerte, disfruto hacerlo.
Que pases un hermoso día.
Besos bella
Qué maravilla eso de vivir sin tiempos ni reloj, dejándote llevar por el momento. No todo el mundo logra permitirse esa libertad, y me encanta que lo hayas conseguido de forma tan natural. A veces, escuchar el propio ritmo es el mayor acto de bienestar. Me alegra muchísimo que disfrutes leyéndome, para mí es un regalo tenerte aquí. Un calido abrazo
EliminarHi Emilia! They often say that time is money! I'm afraid I often waste my time.
ResponderEliminarHi Irina. It’s true, people love to say that “time is money,” but I think time is actually much more precious than that. The time is life
EliminarEl tiempo a veces se mide por un reloj otras por momentos. Te mando un beso.
ResponderEliminarAdoro sentirlo en momentos, el del reloj no me gusta. Un abrazo
EliminarComo dice la cancion, el tiempo que vale lo marca el latido de mi corazon.
ResponderEliminarBesos, q tengas un bonito dia.
Pues es una canción tan bonita como cierta. Gracias por recordárnoslo. Un abrazo
EliminarDe nuevo traes una interesante reflexión. Esta vez nos invitas a tomar conciencia de que si nos dejamos llevar por la parte esclavista del tiempo puede que estemos funcionando en modo alerta, estresados constantemente, y no disfrutando de lo vivido... Esto me lleva a recordar aquel simpático personaje de Alicia en el País de las Maravillas, el conejo blanco que llevaba un reloj, miraba la hora y decía sin parar "llego tarde, llego tarde..."... los trabajos ejecutivos en las grandes ciudades suelen ser alienantes en este sentido... aunque a veces es uno mismo el que se deja llevar por esta ansiedad...
ResponderEliminarMe gusta esta reivindicación, Emilia, no nos olvidemos de disfrutar de los instantes que nos ocupan. Buen jueves, un abrazo
Hola Milena. Gracias por tu comentario, lo expresas muy bien. Ese “modo alerta” permanente es justo lo que quería señalar: cuando el tiempo se convierte en una exigencia constante, dejamos de habitar lo que vivimos y empezamos a correr como el conejo blanco siempre con la sensación de llegar tarde a todo. Efectivamente algunos entornos laborales alimentan esa dinámica… pero también, como dices, a veces somos nosotros mismos quienes nos dejamos arrastrar por esa ansiedad sin darnos cuenta. Por eso me parece importante recordarnos —aunque sea con un gesto pequeño— que cada instante existe para ser vivido, no perseguido. Gracias por sumar esta reflexión tan lúcida.
EliminarBuen día Emilia, que buena nota sobre el tiempo y los relojes. Marcamos nuestro tiempo con las ganas de vivir, pero a veces, los relojes nos marcan su hora de trabajo, de estudio y pasamos a segundo plano el disfrute.
ResponderEliminarUn abrazo.
Hola Mariarosa. Muchas gracias por tu comentario. Has señalado algo esencial: cuando el tiempo lo medimos desde las ganas de vivir, todo fluye con más naturalidad; pero cuando son los relojes —y sus obligaciones— los que imponen el ritmo, el disfrute queda relegado a ese “segundo plano” que mencionas. Un abrazo
EliminarYo procuro que ni el reloj ni el móvil marquen mi vida, la mayoría de las veces, no llevo ni el uno ni el otro,
ResponderEliminarPues hago lo mismo que tú, prescindo del móvil y el reloj, pero no creas que logro escapar de los horarios.
EliminarMuy buena reflexión.
ResponderEliminarbesos ♥
Muchas gracias, Pepi. Un abrazo
EliminarEl tiempo como invento de los que venden relojes... Otro muy inspirador artículo, amiga. De tu sello tan personal.
ResponderEliminarAbrazo sin sombrero una vez más.
Y desde luego que los fabricantes se están forrando, porque aunque tengamos hora el móvil; un bonito reloj sigue siendo un regalo muy valorado. Un abrazo
EliminarBuen buena reflexión. Somos esclavos del tiempo y no seríamos capaces de vivir sin reloj. Sería bonito no tener tanta dependencia de él.
ResponderEliminarUn abrazo.
La verdad es que dependemos tanto del reloj que cuesta imaginar la vida sin esa referencia constante. Y, sin embargo, algo dentro de nosotros intuye que sería liberador recuperar un poco de autonomía, dejar que el día avance según nuestro propio pulso y no solo según la hora marcada. Un beso
EliminarBoa sexta-feira e bom final de semana minha querida amiga Emília. Só não dependemos do relógio na hora de dormir. Obrigado pela excelente matéria e reflexão. Grande abraço carioca.
ResponderEliminarMeu amigo Luiz, também te desejo uma ótima sexta-feira e um excelente fim de semana. De fato, o corpo tem seus próprios ritmos naturais para nos dizer quando estamos com fome ou sono. Mas, desde o nascimento, somos obrigados a seguir o relógio. Abraços.
EliminarPara mí que el reloj se inventó únicamente para darnos cuenta de que siempre estamos llegando tarde a donde sea jeje Va un abrazo, Neuriwoman.
ResponderEliminarPues sí, a veces parece que el reloj se creó solo para recordarnos que vamos con retraso en todo. Pero también nos enseña —a su manera— que no podemos vivir corriendo siempre detrás de él. Saludos
ResponderEliminarDebate interesante sobre el tiempo, pero hablando por mi, debo decir que me siento libre cuando no llevo reloj. Eso significa que no tengo que estar pendiente de horarios y que puedo disfrutar de lo que hago y con quien quiero pero cuando lo llevo... se que tengo que correr a la mayoría de sitios y de cosas, vivo en automático.
ResponderEliminarUn besazo!
Te entiendo, Morella. El reloj a veces se convierte en una jaula pequeña que nos recuerda todo lo que “debemos” hacer y nos roba el presente. Qué distinto se siente cuando lo dejamos a un lado y simplemente vivimos. Besos
EliminarNormalmente no llevo reloj, pero el tiempo siempre está para recordarte la hora....y siempre pensando en que hora es nos pasamos la vida. Besos.
ResponderEliminarEs verdad… aunque no llevemos reloj, el tiempo siempre encuentra la manera de hacerse notar. Un abrazo
ResponderEliminarWe don't focus on what's important; there are so many stimuli around that people simply get lost and have trouble keeping track of time. A simple life helps us keep up with the time. Hugs:)
ResponderEliminarHi Ania, you're absolutely right, we get lost in the irrelevant and don't live properly. Hugs
EliminarNo valoramos el tiempo, se nos escurre entre las manos y no vivimos el presente y la quietud. Un saludo.
ResponderEliminarTienes toda la razón. El tiempo se nos escapa con tanta rapidez que a menudo olvidamos saborear el presente y encontrar la quietud que nos permite realmente vivirlo. Detenerse, aunque sea un instante, nos ayuda a reconectar con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.
EliminarGracias por compartir tu reflexión.