En el principio de los tiempos, cuando nada existía. Cuando ni siquiera el hombre ni el tiempo existían porque nadie había inventado nada para llevarle la cuenta.
Cuentan que en mitad del universo estaban reunidos los vicios y las virtudes que más tarde poblarían el interior de los hombres. Y que se pasaban todo el día discutiendo, sobre todo azuzados por la Ira y la Discordia, sobre quien de ellos los dominaría.
Por eso cuando el Aburrimiento bostezaba por tercera vez, la Locura propuso:
"vamos a jugar a las escondidas".
La Intriga se levanto extrañada, y la Curiosidad, sin poder contenerse, pregunto: ¿A las escondidas? ¿Y eso como es?
“Es un juego en donde yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde el uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden. Cuando termine de contar, los buscare hasta que los encuentre”, explico la Locura.
Pero no todos quisieron participar.
La Verdad prefirió no esconderse. ¿Para que?, si al final siempre la hallaban.
La Soberbia pensó que era un juego muy tonto. En el fondo lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
La Soberbia pensó que era un juego muy tonto. En el fondo lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
El Entusiasmo bailo de contento y la Alegría dio saltos que terminaron de convencer a la Duda, e incluso a la Indiferencia, a la que nunca le interesaba nada.
La Locura rápidamente comenzó a contar.
La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre, se dejo caer en la primera piedra que encontró.
La Envidia se fue detrás del Triunfo, quien por su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse. Cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos.
Una ráfaga de viento parecía magnifica para la Libertad.
La rendija de un árbol era perfecto para la Timidez.
Por fin después de pensar primero en todos, la Generosidad termino ocultándose en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio. Era ventilado, cómodo, pero solo para el.
La Mentira se escondió detrás del arco iris.
Y la Pasión y el Deseo, entre los volcanes.
Cuando la Locura ya casi terminaba de contar, el Amor aun no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo estaba ocupado.
Hasta que al fin vio un rosal y decidió esconderse entre sus flores.
“¡Un millón!”, dijo la locura. Y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza que estaba a solo tres pasos.
A la Pasión y el Deseo, los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró la Envidia. Y claro también encontró al triunfo.
Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, pues el solito salio de su escondite que resulto ser un nido de avispas.
La Locura de tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza.
Encontrar a la Duda fue mucho mas fácil. La encontró sentada aun sin poder decidir a donde se iba a esconder.
Así fue encontrando a todos
El Talento estaba entre la hierba fresca
La Mentira, detrás del arco iris.
Y hasta encontró el Olvido, que se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.
Pero solo el Amor no aparecía por ningún lado.
Tomo un pequeño palo y comenzó a mover las ramas. De pronto escucho un doloroso grito.
Las espinas habían herido los ojos del Amor, dejándolo ciego.
La Locura no sabia que hacer para disculparse. Lloro, rogó, imploro, pidió perdón y hasta prometió acompañarlo siempre.
Desde entonces el Amor es ciego y la Locura siempre le acompaña.
Por eso dicen que “amar es una locura, a menos de que se ame con locura”.
Eduardo Galeano.































