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20100428

2ª parte: No permitas que las hojas del arbol te impidan ver el bosque.


Para mi esa lectura suponía una especie de alegato sobre como “las victimas del ayer se convierten en los monstruos del mañana”, y ciertamente no lo acepto. Creo que en la vida al igual que en las matemáticas no hay sucesos imposibles, solo sucesos estadísticamente menos probables.

Se que a veces hablo con descontento, otras solo con amargura, pero también hay veces en las que pienso que nuestros padres probablemente lo hicieron lo mejor que supieron y quizás lo mejor que pudieron. Por eso no te hablo de intencionalidad en causar daño, te hablo mas bien de un exceso de cariño y por supuesto de un cariño mal entendido. Porque a pesar de todo, a pesar de sus buenas intenciones nos hicieron daño, mucho daño. Y no admito que T.H ni nadie me de a entender que mas vale daño conocido que daño por conocer.

Que el modelo familiar, educacional o afectivo de nuestros padres es un dogma de fe y por tanto es mas valido por el simple hecho de proceder de ellos. ¡No, me niego!. Porque ni Carlos ni yo somos dos borricos atados a la noria de la ignorancia, ni tampoco de la costumbre para estar dando vueltas y vueltas por inercia alrededor de esos mismos errores. Para perpetuar en nuestros hijos el daño que nosotros recibimos en su día.

Es mas, reivindico el derecho a cometer nuestros propios errores y no a inmortalizar los suyos de generación en generación. No pretendo justificar el fallo en si mismo sino reivindicar que aquello que ya sabemos que es tan dañino y doloroso no permitiremos jamás que forme parte de nuestras vidas. No permitiremos que tan siquiera llegue a rozar la felicidad de nuestros hijos. Ojala todo fuese mas fácil y ojala no existiesen los errores. Ojala ni siquiera existiese el sufrimiento.

De todas formas tengo la impresión de que en este tema te has centrado demasiado en mi y que tu excesiva atención sobre el árbol ha hecho que sus ramas no te permitiesen ver el bosque.

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