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20101029

Neptuno, no hay más que uno. (4ª parte).




4.- Paola va de procesiones.

Siii, es una figura humana, es un hombre. Un hombre alto y musculoso, que porta un tridente en su mano derecha. Paola, ahora temerosa, piensa que sus deseos se han hecho realidad y Neptuno ha venido a escucharla o a pedirle explicaciones. Si es lo primero se siente halagada pero si es lo segundo quizás la asusta un poco, que con lo que ella ha leído sobre Mitología sabe que estos dioses tenían muy malas pulgas.

Y mientras Paola se dirime entre sí desmayarse o no desmayarse por la impresión, se percata que don Neptuno viste unos vaqueros de peto. Y su tridente no es de oro con zafiros. Se acerca hasta ella cauteloso y aturdido por el trueno, y la pregunta si se encuentra bien.

Paola al escucharle, alucina pepinillos de colores, pues no que Neptuno tiene un cerrado acento andaluz. Y encima le pide disculpas por haberse cobijado de la tormenta en su jardín porque su rastrillo al ser metálico parece haber servido de pararrayos. Menos mal que tiene el mango de madera y llevo botas aislantes, comenta el buen hombre en ese momento.

Paola comienza a balbucear atropelladamente:

- Pero entonces, si eso no es el tridente ¿quién es usted?

- Soy el jardinero de la urbanización y la tormenta me ha pillado volviendo a casa.

- Ahhh…contesta Paola abriendo sus ojos de par en par como si de golpe hubiese aterrizado nuevamente en la realidad. Y mirando de soslayo  se fija como se parece este chico al que sale en el anuncio de esparragos carretilla. Tan bronceado y con esas gotas de lluvia resbalando sobre su piel...por su porte bien podría ser un un dios mitológico, piensa Paola para sus adentros.

Mientras su Neptuno vuelve los ojos hacia el cielo y acercandose al oido le susurra que la tormenta ya se esta alejando mar adentro. Es entonces cuando el jardinero le desea las buenas noches y se despide de ella con un agradecido apretón de manos. Que automaticamente Paola malinterpreta como un cortejo y le hace pestañear como abanicando el viento a camara lenta. Ha quedado hechizada por esos ojos verdes y ese olor a chamusquina que todavía conserva el hombre.

Paola vuelve a casa y desde su ventana observa como se aleja su joven y atractivo jardinero. Es entonces cuando contemplando la lluvia desde su cama empieza a maquinar un nuevo encuentro y se dice para sus adentros "quizas mañana tenga que llamarlo para limpiar la piscina, pero eso ya será mañana que por hoy he tenido bastantes sobresaltos". Aunque Paola no se ha parado a pensar que ella no tiene piscina. Y se nos queda dormidita sin tan siquiera acordarse de su limonero lunero  que  le daba limones todas las lunas. Y así sin limones ni limonero y sin llegar a conocer al verdadero Neptuno volvio a retomar el sueño...


8 comentarios:

  1. ¡Jamás imaginé que Neptuno fuese andaluz!, pero muy interesante relato.

    Saludos!!!

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  2. Si, todo un señor del mediterraneo que se encontro Paola en su limonero. Quien nos lo iba a decir... Saludos cordiales.

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  3. Sabes yo pense que el neptuno ,que yo conozco de toda la vida ,el de los libro que vivia en el mar no podía salir de el , pero veo que este es otro neptuno muy diferente ,este es de secano , un beso de pitufita.

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  4. Es que Paola tiene mucha imaginación y confundio al autentico Neptuno con el jardinero. Saludos.

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  5. Ciertamente, una soñadora. ¡Qué bonito!, tengo que felicitarte por la forma tan elegante en que haces todo...
    Ozú! ¡qué arte tiene mi arma!.

    Un beso que me voy a la entrada de hoy.

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  6. Gracias amiga Towanda, eres un sol. Besos.

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  7. Qué bueno, ¿cuántas veces somos Paola?, y qué mejor que Neptuno se haga carne y habite entre nosotros, siempre será más accesible ¿no? jejeje.

    Me encanta tu forma de relatar y el humor con que la impregnas.

    Besitos desde el Olimpo.

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  8. Gracias Luna, ya ves que Neptuno a veces sale del mar para fundirse con nosotros en las fantasias.

    Besos para ti y el resto del Olimpo.

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